POR JUAN LINARESSacerdote salesiano
El 30 de marzo de 1976 llegué a Santo Domingo, destinado al Oratorio María Auxiliadora (OMA), Santo Domingo, como encargado de la juventud, por lo que en este día estoy cumpliendo 50 años de misionero, como sacerdote salesiano.
La verdad es que, mi rodaje misionero había comenzado en el Colegio Don Bosco, en el 1968, donde hice la experiencia del “tirocinio”, que, por la belleza y riqueza que tuvo, confirmó mi decisión de ser salesiano para siempre, y por eso dije: “Me quedo con Don Bosco”.
Hoy quiero testimoniar mi gratitud a Dios por estos 50 años de bendición, llenos de gracia, que generosamente me ha concedido.
Por eso, me atrevo a hacer una “lectura providencial” de alguno de los hechos y acontecimientos que he vivido en estos 50 años de bendición misionera.
Todo ha sido con una dimensión pascual
Me había ordenado sacerdote un Domingo de Pascua, el 22 de abril del 1973.
Tuve la gran providencia de vivir el Concilio de Jóvenes en Taizé en 1974, donde más de sesenta mil jóvenes, en el Concilio de los Jóvenes, celebramos la Pascua de Jesús.
Y la primera gran experiencia que me tocó vivir en María Auxiliadora fue la impresionante celebración de la Pascua Juvenil. Se me ofreció la oportunidad, con miles de jóvenes en los patios del OMA, de vivir la actualización real de la Resurrección de Jesús.
Fue algo providencial que dejó marcada la impronta de mi estilo pastoral en la total perspectiva del Resucitado.
El Centro Juvenil María Auxiliadora
Formar un centro juvenil fue mi primera obediencia. Lo tomé como un reto y me puse manos a la obra.
El primer paso fue encontrarme con los jóvenes para conocer sus realidades. Descubrí que tenían un potencial muy grande y que se trataba de que, juntos, creásemos un rico y atractivo proyecto juvenil.
Para ello era preciso, lo primero, asumir una potente espiritualidad, lo segundo crear una sólida estructura y tercero trazarnos un camino para alcanzar las mejores metas posibles.
Nos reunimos en convivencia y formulamos la Carta Magna del Centro Juvenil María Auxiliadora (CJMA).
Puedo afirmar que nos sentimos inspirados por el Espíritu de Dios que infundió en cada uno de nosotros la fe y la ilusión en el proyecto que estábamos planificando.
El sujeto del Centro Juvenil fue siempre el grupo de jóvenes.
Y todos los grupos, fuesen de deporte, de baile, de música, de cultura, de maduración en la fe… fueron naciendo de la Celebración de la Pascua Juvenil que cada año celebrábamos.
Por eso la “espiritualidad del Resucitado” era el elemento común de todos los grupos. Nosotros la expresamos en lo que llamamos nuestras místicas: “Vivir lo inesperado”, “Compartir todo lo que tienes” y “Tu vida es una fiesta”.
Es muy significativo que todos nuestros grupos nacieron viviendo la Experiencia Pascual.
Recuerdo emocionado la presencia, en María Auxiliadora, del Hermano Roger de Taizé. Habíamos estado con él una semana en Haití antes de venir a Santo Domingo.
En la “Carta de Haití” que escribió el Hermano Roger se lee esto: “La juventud cristiana de Santo Domingo está marcada por la inquietud de un compartir, por parte de los cristianos. Hay en algunos de ellos, muy comprometidos, la audacia para despertar en los demás los dones de Dios.
Desde hace diez años, unos jóvenes cristianos aspiran a realizar el misterio pascual en lo que ellos llaman las tres vías místicas: “Vivir lo inesperado, compartir todo, vivir el sentido de la fiesta.”
Se refiere a nuestro Centro Juvenil de María Auxiliadora.
Canillitas con Don Bosco
El CJMA llevaba ya un hermoso camino. Pascuas Juveniles celebradas, Eucaristías de los domingos, Experiencias vividas, Fiestas del mes, Semana de la Juventud, Fondo de solidaridad, Festivales y musicales, Area de padres…, Vocaciones al sacerdocio y a la vida consagrada, Jóvenes Cooperados Salesianos… Y, sobre todo, jóvenes comprometidos…
Por eso nació “Canillitas con Don Bosco”, porque el compromiso era algo fundamental para aquellos jóvenes. Este Proyecto en favor de los niños trabajadores de la calle de Santo Domingo, tiene como fundador al Centro Juvenil María Auxiliadora.
Los años en Canillitas, y luego en “Muchachos y Muchachas con Don Bosco”, son la mejor vivencia del Carisma Salesiano, que he tenido, en estos 50 años, donde me sentí llevado por la Providencia, siendo testigo de los milagros que produce el maravilloso Sistema Preventivo.
Con la total confianza puesta en Dios mi corazón estuvo lleno de Esperanza, pudiendo contribuir a hacer realidad “muchas historias con finales felices”.
El motor de todo la Eucaristía
Perseverar y ser fiel como misionero salesiano solamente es posible con el alimento de la Eucaristía.
En ella he encontrado el espacio de la reparación de mis múltiples limitaciones y de mis muchos pecados, pero, sobre todo ha sido para mí la gran impulsadora de cada uno de los proyectos pastorales del ministerio misionero.
La Eucaristía es el gran motor de todo lo que debe hacer un misionero.
En la Eucaristía, vivida sobre todo en su dimensión pascual, encontré la inspiración y la fuerza de todas mis acciones y de todas las misiones encomendadas.
Entre ellas está la animación y gobierno de nuestra querida Inspectoría de las Antillas en los años del 1990 1l 1996. Por la Eucaristía me atreví a impulsar la Fundación Salesiana Don Bosco como una buena herramienta para promocionar el desarrollo integral, especialmente, de los más pobres.
En cada Eucaristía he encontrado el motor de mi vida misionera. Cada día, la Eucaristía ha sido el momento más rico y más feliz, de cada jornada. Doy gracias a Dios por este regalo de infinito valor.
Siete años en Madrid al frente de Jóvenes y Desarrollo me ha dado la posibilidad de ser misionero con los misioneros del mundo. Una experiencia de universalidad. Contribuir a crear estructuras de desarrollo integral, desde la luz del Evangelio, ha sido siempre mi deseo.
¡Gracias por esta oportunidad que he tenido!
Y ahora, trabajando en Plaza Educativa Don Bosco. Lugar donde realizamos el primer campamento de Canillitas con Don Bosco.
Una presencia salesiana desafiante en Santo Domingo Este. Un lugar para soñar carismáticamente. ¡Gracias, Señor!
Me uno a lo afirmado, un día, por el P. Arrupe: “La tibieza del misionero es la ruina de la cristiandad” y por eso, hoy, 30 de marzo del 2026, renuevo mi ilusionada vocación misionera.
Con afecto, tu hermano, Juan Linares